Bratislava, chica pero encantadora

Bratislava, chica pero encantadora

 

Quizás tenía unas expectativas demasiado bajas sobre la capital eslovaca porque sólo había escuchado comentarios tales como: “No está mal”, “Se ve en menos de una hora”, “Es muy aburrida”, “Vale muy poco”, etc.

Lo cierto es que Bratislava me gustó bastante; reconozco que es una urbe pequeña pero tiene su gracia. Tanto su arquitectura como su ambiente me agradaron mucho.

Si tengo que establecer una escala entre el circuito estrella por el centro del viejo continente; mi valoración personalísima de aquella con la que más me identifico a la que menos sería Budapest en primer lugar, en segundo casi diría que Bratislava, muy de cerca Viena y en última posición Praga; ésta última por un motivo muy claro, porque se ha convertido en un circo turístico.

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Gracias a las aerolíneas de bajo coste es posible volar sin escalas y a una estupenda tarifa. Una estancia de día y medio o dos días es el plan perfecto para seguir luego la ruta hacia Austria, República Checa, Polonia, Hungría….las opciones son varias. Me fascina  el hecho de que las distancias entre estos países de indudable valor cultural, histórico, natural sean tan reducidas.

Si de un alojamiento te puedo hablar, eso sí, de tipología hostal sin grandes lujos, pero de una atención inigualable; además de una buena ubicación a pocos metros de la entrada al casco viejo, éste sería el Hostel Blues, en la calle Spitalska 2. Tanto Helena como el resto de las chicas son de una amabilidad fuera de lo normal. Además es un establecimiento donde poder tomar alguna bebida en ese buen bar que comparte espacio con la planta de la recepción.

Las localidades con río me dejan un buen sabor de boca, y en el caso de aquellas por donde discurre el Danubio me transportan en el tiempo a experiencias mágicas. Fue el caso por ejemplo de Belgrado, Novi Sad, la antes mencionada capital magiar y sería la propia Bratislava.

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Si te gusta andar y eres de los que te tomas de vez en cuando las visitas con cierta calma, creo que la principal ciudad de Eslovaquia puede saciar tus intereses. El camino a lo largo del río entre el centro comercial Eurovea, por cierto, ya querría más de una contar con un espacio de tiendas y restaurantes como éste; y la subida al famoso castillo es un itinerario obligado, es la vía denominada Pribinova. En días soleados está la zona muy animada y varias de las personas hacen del extenso césped una especie de playa urbana, aunque eso sí, sin chapuzón posible.

Un poco confuso me resultó la subida hacia la fortaleza real porque estaban de obras, esto era justo en el primer día de junio. Hay que tomar como referente el puente SNP, al otro lado queda la famosa torre panorámica a la que se puede subir con el ticket oportuno, tomando el camino para la catedral de San Martin pero cruzando hacia el otro lado, ahí encontraremos varias paradas de autobuses, y por arriba hay una serie de callejuelas que conducen hacia el castillo.

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El patio interior no destaca en nada, y de las estancias reales poco puedo decir porque había una visita oficial y estaba la visita cerrada al público; pero al menos sí que pude disfrutar de unas estupendas vistas.

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Aunque para vistas buenas, parece ser que Slavín es el punto más alto y desde donde divisar la calma Bratislava es una auténtica gozada. Lamentablemente tomé una mala decisión, dar prioridad a una comida un tanto atropellada por el tiempo y un posterior tour a pie de la modalidad “free”en lengua inglesa, es decir, en el que tú decides el dinero a pagar al guía, recorrido que resultó un desastre por el diluvio que cayó. Antes de ponerme malo quise cortar por lo sano, le di a la chica de “Be Free Tours” una cantidad (en la moneda en curso allí, es decir el euro) y salí pitando hacia el hostal a darme una ducha y cambiarme por completo de ropa. Fue una pena, me qué sin poder hablar más con esa simpática guía que hablaba bastante bien el español y de la historia del país. Queda pendiente para otra ocasión.

Sin tiempo para descansar un rato, un amigo eslovaco que había conocido en la desconocida pero muy recomendable Armenia, vino a buscarme y junto a su novia estuvimos recorriendo el coqueto casco viejo de Bratislava. Algunas partes me recordaron a Riga, otras a Praga; en definitiva, bellos edificios, mucha tranquilidad en aquellas calles Panska, Laurinska, Sedlarska..por cierto, es en la ciudad más importante de Eslovaquia donde es posible saludar a Napoleón o a un simpático hombre que parece salir de las alcantarillas.

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Antes de cenar pasamos por la torre que queda en pie y que en época medieval marcaba la entrada a la villa. Es uno de los puntos más concurridos en Bratislava y donde de algún modo uno siente que viaja en el tiempo hacia siglos bien pasados.

Todo un acierto fue reponer energías en Zylinder, un establecimiento muy elegante y con una comida local bien elaborada pero sin excentricidades. Preciso decir que el precio fue excepcional, por persona no pagamos más de 10 euros e incluida en la cuenta un chupito del famoso espirituoso local denominado slivovica.

Me fui con un gran sabor de boca de esta hermosa nación centroeuropea y donde siempre mantendré en la memoria el buen trato en el lugar donde me hospedé. También un saludo para Adam y Andrea, excelentes anfitriones.

Autor: La maleta bien hecha

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